¿COMO MEDIR EL CARBONO EN LA MASA BIOFORESTAL?


Además de conseguir medir la concentración de carbono en varias especies arbóreas, como tres de pino y dos de roble de Castilla y León, la investigación también obtiene un método que puede ser utilizado por cada país para medir a escala global la fijación del carbono en su masa forestal.

Las investigaciones concluyen que la concentración de carbono es distinta en cada especie y también en cada uno de los tejidos analizados como son la corteza y la propia madera, y en ésta se ha estudiado a su vez la albura y el duramen. Según ha detallado a DiCYT el responsable del trabajo, Felipe Bravo, “cuando se estima habitualmente el carbono hay una aproximación que se da por válida, ante la falta de datos mejores, y es que el 50 por ciento de la materia seca de la madera es carbono”.

El equipo de investigadores ha realizado una importante mejora “diferenciado entre la corteza, la albura y el duramen”, y además recogiendo muestras “a diferentes alturas”. Con todo ello, han concluido que “la altura influye en la concentración de carbono y también la especie, no todas son iguales, al igual que si se trata de corteza, albura o duramen”.

En concreto, las investigaciones concluyen que la concentración de carbono presenta una reducción respecto a las estimaciones habituales de que el 50 por ciento del peso de la madera es carbono. En el caso de las especies estudiadas, se ha observado una reducción del 3’2 por ciento en el pino negral; del 4’1 por ciento en pino silvestre, y del 3’6 por ciento en el pino laricio. Por otro lado, respecto a los otros árboles analizados, esta reducción es de un 4’3 por ciento en el rebollo, de un 4’1 por ciento en el roble.

Implicaciones

La importancia de este trabajo radica en su utilización para las estimaciones del comercio de créditos entre países, con objeto de cumplir los límites de contaminación fijados en el Protocolo de Kioto. Este trabajo permite extrapolar la medición a las especies y obtener una medición válida para que un país conozca la cantidad de carbono fijada en sus árboles y pueda aplicarla tanto en su contabilidad nacional como en el mercado de emisiones de CO2.

Tal y como señala el profesor Felipe Bravo, las implicaciones del trabajo desarrollado tienen dos vertientes. Por un lado, “al mejorar la estimación con el protocolo de Kioto y sus extensiones se garantiza que los países de la OCDE, los que están en el anejo 1 del protocolo, pueden compensar hasta un dos por ciento de sus emisiones con el denominado cambio en el uso de la tierra, que en España la mitad corresponde a los bosques. Así, se puede contabilizar lo que crecen los bosques y calcular cuánto carbono se puede compensar. En casos como el de España, que tiene que acudir a la compra de derechos de emisión para compensar lo que se ha contaminado de más, permite hacer una estimación más precisa de lo que se está comprando”, subraya.

Los investigadores llevan varios años trabajando en la cuantificación de CO2 en los bosques y en cómo realizar esta estimación a nivel nacional, para lo que han empelado datos como los recogidos en el Inventario Forestal Nacional.

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